Radón y salud pulmonar, el “riesgo silencioso” que se infiltra en casa
El radón es la segunda causa de cáncer de pulmón, después del tabaquismo. Al no tener olor, color ni sabor, y no causar molestias físicas inmediatas, la exposición a este gas puede pasar desapercibida hasta que el cáncer se desarrolla. Esto puede ocurrir años después de la exposición inicial.
El radón (Rn) es un gas radiactivo, incoloro, insípido e inodoro que se origina de forma natural en el suelo, rocas y agua cuando elementos como el uranio se descomponen con el tiempo. Cuando este gas se infiltra en edificios cerrados, como viviendas, centros de trabajo, sótanos o plantas bajas, puede acumularse en el aire interior y representar un riesgo grave para la salud pulmonar, elevando el riesgo de cáncer pulmonar y de daños en el ADN. [1]
Este artículo explica cómo el radón puede afectar tus pulmones, por qué es especialmente preocupante para personas con afecciones respiratorias o fumadores, y qué puedes hacer para protegerte a ti y a tu familia.
¿Qué es el radón y por qué es importante?
El radón es un gas radioactivo que se forma naturalmente a partir de la desintegración de materiales ricos en uranio en el suelo y las rocas. El agua también puede contener radón.
Puede acceder al aire interior de edificios a través de grietas en los cimientos, tuberías, suelos o muros, y acumularse en espacios cerrados sin la ventilación adecuada. Minas, cuevas y centrales de tratamiento de aguas son algunos de los lugares donde se registran los niveles más altos de radón. Pero también se encuentra en viviendas, escuelas y oficinas. [1]
Lo que lo hace especialmente peligroso del radón es que su presencia puede pasar totalmente inadvertida durante años, ya que no podemos verlo, olerlo ni detectarlo sin un medidor específico. [1]
Una vez inhalado, el radón se descompone en pequeños elementos radiactivos que pueden depositarse en las vías respiratorias y el tejido pulmonar. Des de allí emiten radiación que daña las células y pueden iniciar procesos de mutación celular vinculados al cáncer de pulmón. [2]
¿Cuál es el impacto en la salud pulmonar?
Cáncer de pulmón, la principal consecuencia
La evidencia científica ha establecido de manera contundente que la exposición prolongada al radón aumenta el riesgo de cáncer de pulmón. Este es el efecto más grave y el único que ha sido demostrado de manera concluyente en estudios epidemiológicos. [1]
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y organizaciones como la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), entre el 3 % y 14 % de los casos de cáncer de pulmón a nivel mundial están relacionados con la exposición al radón. [1]
En Estados Unidos, la EPA estima que el radón causa unos 21.000 fallecimientos al año por cáncer de pulmón, siendo la segunda causa de esta enfermedad después del tabaquismo.[3]
En España, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) señala que la exposición al radón está muy ligada a las características geológicas del terreno. Las zonas más expuestas a este gas, se encuentran principalmente en Galicia, Extremadura, Castilla y León y Madrid.[4]
Interacción con el tabaquismo
El riesgo de cáncer de pulmón es aún mayor en personas que fuman. El daño de los pulmones causado por el tabaco y la exposición al radón es 25 veces superior al de una persona no fumadora. [1]
¿Quién corre más riesgo?
Cualquier persona que respire aire interior durante largos periodos está potencialmente expuesta al radón, pero el riesgo no es igual en todos los contextos:
- Las personas que viven en zonas con suelos ricos en materiales radiactivos suelen tener concentraciones más altas de radón en el aire interior. [1]
- Las viviendas con poca ventilación, sótanos o cimientos con grietas o espacios alrededor de tuberías o cables que facilitan la acumulación del gas. [1]
- El radón suele alcanzar concentraciones más elevadas en los sótanos, las bodegas y los espacios habitables que están en contacto directo con el terreno. Por encima de la planta baja también se pueden encontrar en concentraciones importantes, a razón de un 20% menos por planta. [1][4]
- El radón se encuentra con mayor concentración en las viviendas antiguas o aquellas con deficiencias constructivas, debido generalmente a un peor aislamiento del terreno.[5]
- Fumadores y exfumadores tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar cáncer de pulmón asociado al radón en comparación con no fumadores expuestos a los mismos niveles. [1]
Medición y niveles de radón
La única forma de saber si hay radón en tu hogar es medirlo con detectores específicos colocados en el aire interior. Como las concentraciones de radón pueden fluctuar de un día para otro o, incluso, en solo una hora, es preferible medir la concentración de radón al menos durante tres meses. [1]
Si los niveles de radón son demasiado elevados, las organizaciones de salud recomiendan acciones para mitigar su presencia. Por ejemplo, la EPA recomienda arreglar la vivienda si el nivel supera los 150 Bq/m³ (4 pCi/L), aunque no existe un nivel totalmente seguro. [3]
¿Cómo puedes protegerte?
Para protegerse del gas radón, la OMS recomienda: [1]
- Medir y monitorizar. Instala detectores de radón en tu casa, especialmente si pasas muchas horas en espacios cerrados. Mide en sótanos y plantas bajas, donde la acumulación suele ser mayor.
- Mejorar la ventilación. Aumentar la ventilación natural ayuda a reducir las concentraciones de radón en interiores.
- En viviendas de nueva construcción, asegurarse que se utilizan métodos para prevenir la filtración de radón en el interior.
- Reparar filtraciones. Sellar grietas en cimientos, muros o alrededor de tuberías reduce la entrada de radón en el hogar.
- Consultar a profesionales si los niveles son altos para tomar medidas para reducir el gas radón por debajo de los valores de referencia.
Radón y enfermedades respiratorias crónicas
Para personas con enfermedades respiratorias crónicas, como EPOC, asma o antecedentes de tabaquismo, la exposición al radón es importante podría añadir una carga adicional de daño pulmonar que agrave el riesgo de cáncer pulmonar. [1]
Un problema “silencioso”, pero prevenible
El radón es un riesgo silencioso porque no produce síntomas visibles ni señales obvias en el aire que respiramos. Sin embargo, los datos científicos y las recomendaciones de organismos como la OMS subrayan la importancia de medirlo y reducirlo, especialmente en hogares y lugares donde pasamos mucho tiempo. [1]
Proteger la salud pulmonar implica no solo controlar factores evidentes como el tabaco o la contaminación ambiental, sino también estar atentos a riesgos menos visibles como el radón para minimizar sus consecuencias a largo plazo.
Resumen
El radón es un gas radiactivo natural, incoloro e inodoro, que puede acumularse en espacios cerrados y constituye la segunda causa de cáncer de pulmón tras el tabaquismo. La evidencia epidemiológica demuestra que entre el 3 % y el 14 % de los casos de cáncer pulmonar a nivel mundial se asocian a exposición prolongada a radón, con un riesgo significativamente mayor en fumadores, donde el efecto combinado puede multiplicar hasta por 25 la probabilidad de desarrollar la enfermedad. El gas penetra en viviendas a través de grietas en cimientos y suelos, alcanzando mayores concentraciones en sótanos y plantas bajas, especialmente en zonas geológicas ricas en uranio. La única forma de detectarlo es mediante medición específica, y organismos internacionales recomiendan actuar si los niveles superan 150 Bq/m³.
FAQs
Porque no tiene olor, color ni sabor, y no produce síntomas inmediatos. Las personas pueden estar expuestas durante años sin saberlo, y el daño pulmonar puede manifestarse mucho tiempo después en forma de cáncer de pulmón.
Al inhalarse, el radón se desintegra en partículas radiactivas que se depositan en el tejido pulmonar y emiten radiación. Esta radiación puede dañar el ADN celular y desencadenar mutaciones relacionadas con el desarrollo de cáncer pulmonar.
Las personas que viven en zonas con suelos ricos en uranio, en viviendas poco ventiladas o con sótanos, y especialmente los fumadores o exfumadores. En estos últimos, el riesgo combinado de tabaco y radón puede multiplicarse de forma significativa.
La única forma es medirlo con detectores específicos colocados durante al menos tres meses. Si los niveles superan los valores recomendados por organismos como la EPA (150 Bq/m³), se deben aplicar medidas correctoras como mejorar la ventilación, sellar grietas o instalar sistemas de mitigación.
[1] Organización Mundial de la Salud (OMS). El radón y sus efectos en la salud. (2021). Enlace
[2] American Cancer Society. Radon and cancer risk. Enlace
[3] United States Environmental Protection Agency (EPA). Health Risk of Radon. Enlace
[4] Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) Cartografía potencial del radón de España. Enlace
[5] Ministerio de Sanidad. Plan nacional contra el radón (2024). Enlace