Artrosis y apnea del sueño ¿cómo se relacionan y qué implica para la salud?
¿Qué relación puede existir entre el dolor articular y los problemas para dormir? ¿Cómo pueden los trastornos del sueño influir en la intensidad del dolor y en la calidad de vida de quienes padecen artrosis? En este artículo analizamos cómo estas dos condiciones, aparentemente diferentes, pueden interactuar, y cuál es el papel que juegan factores como la menopausia y los cambios hormonales.
¿Cómo puede la artrosis influir en el sueño y la fatiga diurna?
La artrosis, especialmente cuando afecta articulaciones de carga como rodillas o caderas, suele provocar dolor y rigidez que empeoran por la noche. Este dolor puede interrumpir el sueño, provocando despertares frecuentes y sensación de descanso insuficiente. La literatura científica indica que hasta un 70% de las personas con artrosis reportan problemas de sueño, incluyendo insomnio y somnolencia diurna, y dificultades para mantener un sueño reparador [1].
Esta fragmentación del sueño genera un círculo vicioso: el dolor interrumpe el descanso, y la falta de sueño aumenta la percepción del dolor al día siguiente, afectando la movilidad y la capacidad funcional [2]. Además, la fatiga crónica asociada al sueño no reparador puede influir negativamente en la adherencia a tratamientos, la participación en programas de ejercicio y la recuperación funcional. Estudios en personas mayores con artrosis e insomnio muestran que la mejora del sueño se asocia a una reducción del dolor, la fatiga y la depresión, con un impacto positivo en la funcionalidad y la calidad de vida [3].
Por ello, es fundamental que los profesionales sanitarios evalúen el patrón de sueño en pacientes con artrosis, incluso cuando la consulta principal sea por dolor articular [3].
¿Cómo puede la apnea del sueño agravar el dolor articular?
La apnea obstructiva del sueño no sólo interrumpe el descanso nocturno, sino que también puede potenciar la percepción del dolor. La fragmentación del sueño se ha asociado con un aumento de la sensibilidad central al dolor y con una peor modulación de los estímulos dolorosos [4]. Además, los episodios repetidos de hipoxia intermitente típicos de la apnea se vinculan a inflamación sistémica, lo que puede intensificar el dolor musculoesquelético en personas con artrosis [5].
La fatiga y la somnolencia diurna derivadas de la apnea dificultan la realización de ejercicio terapéutico y reducen la adherencia a programas de rehabilitación, que son esenciales para mantener la movilidad y la funcionalidad. Estudios han mostrado que más de la mitad de los pacientes con apnea del sueño presentan dolor musculoesquelético generalizado, lo que refuerza la importancia de evaluar los trastornos del sueño en personas con dolor crónico [6].
Desde la práctica clínica, identificar la coexistencia de apnea del sueño en pacientes con dolor articular persistente permite ampliar el enfoque terapéutico, combinando control del dolor, rehabilitación y manejo del sueño, con el objetivo de mejorar la calidad de vida y la capacidad funcional [6].
¿Por qué la menopausia y los estrógenos son factores clave?
La menopausia supone un punto de inflexión relevante en la relación entre artrosis, dolor y trastornos del sueño. Se asocia a un aumento de la prevalencia y la gravedad de la artrosis, especialmente en mujeres, tal como muestran estudios epidemiológicos que describen diferencias claras por sexo en esta patología [7]. Aunque los mecanismos exactos no están completamente definidos, los cambios hormonales, en particular el descenso de los estrógenos, se han propuesto como uno de los factores implicados.
Los estrógenos desempeñan un papel modulador sobre el sistema nervioso central y los mecanismos de control del dolor. Su disminución se ha relacionado con una mayor sensibilidad nociceptiva (detección y respuesta a estímulos potencialmente dañinos) y con una menor capacidad para inhibir estímulos dolorosos. Debido a ello, el dolor articular puede ser percibido con mayor intensidad durante la posmenopausia [8]. Este fenómeno puede contribuir a explicar por qué las mujeres posmenopáusicas refieren con mayor frecuencia dolor persistente y sueño no reparador.
Además, la menopausia se asocia a una mayor prevalencia de trastornos del sueño, incluyendo insomnio y alteraciones en la arquitectura del sueño, relacionadas con los cambios hormonales y circadianos característicos de esta etapa [9]. En mujeres con artrosis, estas alteraciones del sueño pueden contribuir a intensificar el dolor nocturno y la fatiga diurna, reforzando el círculo vicioso entre dolor y descanso no reparador.
Desde una perspectiva clínica, estos factores sugieren que en mujeres posmenopáusicas con artrosis y dolor persistente es especialmente importante valorar de forma integrada el estado hormonal, la calidad del sueño y la posible presencia de apnea del sueño. Esto es porque su coexistencia puede amplificar el impacto funcional y reducir la calidad de vida.
¿Qué mecanismos fisiopatológicos comparten artrosis y apnea del sueño?
Artrosis y apnea del sueño pueden parecer condiciones muy distintas, pero comparten varios mecanismos biológicos que explican por qué pueden empeorar mutuamente los síntomas. Uno de los principales es la inflamación crónica de bajo grado. Tanto la degeneración articular como los episodios repetidos de hipoxia durante la apnea generan moléculas inflamatorias que circulan por el cuerpo, aumentando la sensibilidad al dolor y contribuyendo a la fatiga [5].
Otro factor es la alteración del sueño y la arquitectura del descanso. En la artrosis, el dolor interrumpe el sueño, en la apnea, las pausas respiratorias fragmentan el descanso. Esta falta de sueño reparador afecta la recuperación muscular, la reparación tisular y la modulación del dolor por el sistema nervioso central, reforzando el círculo vicioso entre dolor y fatiga [2].
Además, ambos trastornos pueden alterar los ritmos circadianos y la regulación hormonal asociados al sueño fragmentado. Estos cambios pueden impactar tanto la percepción del dolor como los procesos inflamatorios, contribuyendo a una mayor rigidez, fatiga diurna y peor calidad de vida en pacientes con artrosis y apnea del sueño [9].
En conjunto, estos mecanismos muestran que la interacción entre artrosis y apnea del sueño no es sólo casual. De hecho, existe una base fisiológica que refuerza la importancia de evaluar y tratar ambos problemas de manera integrada para mejorar la funcionalidad y la calidad de vida del paciente [5].
La importancia de un abordaje multidisciplinar
Abordar la artrosis y la apnea del sueño de manera conjunta supone un cambio importante en la forma de cuidar al paciente. Tanto el dolor articular como los trastornos del sueño afectan la calidad de vida, la funcionalidad y la participación en actividades diarias. Reconocer su interacción permite a los profesionales sanitarios diseñar intervenciones más completas y personalizadas [1].
Un enfoque multidisciplinar puede incluir evaluación del sueño y cribado de apnea, optimización del manejo del dolor, programas de ejercicio adaptados y educación sobre hábitos saludables de sueño. La combinación de estas estrategias no sólo alivia síntomas, sino que también favorece la adherencia a tratamientos y mejora la movilidad, aspectos clave para mantener la autonomía de los pacientes [3].
Además, prestar atención a factores como la menopausia y los cambios hormonales en mujeres posmenopáusicas puede ayudar a anticipar posibles exacerbaciones del dolor y la fatiga, reforzando la necesidad de un abordaje integral [7]. En definitiva, integrar la visión articular, respiratoria y del sueño en la práctica clínica diaria ofrece una oportunidad real de mejorar la calidad de vida y el bienestar global de quienes conviven con artrosis y apnea del sueño [6].
Recuerda que la información proporcionada en este artículo no reemplaza, sino que complementa la relación entre el profesional de salud y su paciente o visitante. En caso de duda, debes consultar con tu profesional de salud de referencia.
Resumen
La artrosis y la apnea obstructiva del sueño comparten una relación bidireccional mediada por el dolor, la fragmentación del sueño, la inflamación sistémica y la fatiga diurna. El dolor articular nocturno típico de la artrosis interrumpe el descanso y aumenta la somnolencia diurna, mientras que la apnea del sueño agrava la percepción del dolor a través de hipoxia intermitente y alteraciones en la modulación central del dolor. Factores hormonales, especialmente el descenso de estrógenos en la menopausia, pueden intensificar tanto el dolor articular como los trastornos del sueño. Un abordaje clínico integrado que evalúe dolor, calidad del sueño y posible apnea del sueño es clave para mejorar la funcionalidad y la calidad de vida del paciente.
FAQs
Porque el dolor y la rigidez articular, especialmente en rodillas y caderas, tienden a intensificarse por la noche, provocando despertares frecuentes y un sueño fragmentado. Este descanso no reparador aumenta la fatiga y la percepción del dolor al día siguiente, creando un círculo vicioso entre dolor y mal descanso.
La apnea del sueño fragmenta el descanso y produce episodios repetidos de hipoxia (bajadas de oxígeno), lo que se asocia a inflamación sistémica y a una mayor sensibilidad al dolor. Además, la somnolencia y la fatiga dificultan la realización de ejercicio terapéutico, fundamental en el manejo de la artrosis.
Durante la menopausia disminuyen los niveles de estrógenos, hormonas que ayudan a modular el dolor y el sueño. Su descenso se ha relacionado con mayor sensibilidad al dolor, peor calidad del sueño y mayor prevalencia tanto de artrosis como de trastornos del sueño, incluida la apnea.
Porque tratar solo el dolor o solo el sueño suele ser insuficiente. Evaluar y abordar conjuntamente la artrosis, la calidad del descanso y la posible apnea del sueño permite reducir el dolor, mejorar el sueño, aumentar la adherencia al tratamiento y preservar la movilidad y la calidad de vida a largo plazo.
Más información
Menopausia y sueño, cómo mejorar el descanso en esta etapa. Enlace
[1] Arthritis Foundation (2022). Dolor provocado por la artritis y trastornos del sueño: un círculo vicioso. Arthritis Foundation. Enlace
[2] Finan PH, Goodin BR, Smith MT. The association of sleep and pain: An update and a path forward. J Pain. 2013;14(12):1539-1552. Enlace
[3] Vitiello, M. V., Zhu, W., Von Korff, M., Wellman, R., Morin, C. M., Yeung, K., & McCurry, S. M. (2022). Long-term improvements in sleep, pain, depression, and fatigue in older adults with comorbid osteoarthritis pain and insomnia. Sleep, 45(2), zsab231. Enlace
[4] Haack, M., & Mullington, J. M. (2005). Sustained sleep restriction reduces emotional and physical well-being. Pain, 119(1-3), 56–64. Enlace
[5] Irwin, M. R., Olmstead, R., & Carroll, J. E. (2016). Sleep Disturbance, Sleep Duration, and Inflammation: A Systematic Review and Meta-Analysis of Cohort Studies and Experimental Sleep Deprivation. Biological psychiatry, 80(1), 40–52. Enlace
[6] Aytekin, E., Demir, S. E., Komut, E. A., Okur, S. C., Burnaz, O., Caglar, N. S., & Demiryontar, D. Y. (2015). Chronic widespread musculoskeletal pain in patients with obstructive sleep apnea syndrome and the relationship between sleep disorder and pain level, quality of life, and disability. Journal of physical therapy science, 27(9), 2951–2954. Enlace
[7] Srikanth, V. K., Fryer, J. L., Zhai, G., Winzenberg, T. M., Hosmer, D., & Jones, G. (2005). A meta-analysis of sex differences prevalence, incidence and severity of osteoarthritis. Osteoarthritis and cartilage, 13(9), 769–781. Enlace
[8] Craft R. M. (2007). Modulation of pain by estrogens. Pain, 132 Suppl 1, S3–S12. Enlace
[9] Baker, F. C., & Driver, H. S. (2007). Circadian rhythms, sleep, and the menstrual cycle. Sleep medicine, 8(6), 613–622. Enlace